Rox -not so- personal life

27.9.04

De Plazas

Hoy, después de leer Sin City me dio por ojear un ebook de Angeles Mastreta que me había encontrado por ahí. HEREJE! dirá mas de uno, pero no importa. Desde "Mal de Amores" me encanta leer a esta señora poblana. Hay algo en las descripciones de sus personas (... era un hombre de piel de aceituna y ojos furtivos que sin embargo sabía mirarla como si la rehiciera), o de los sentimientos (... besándose como si hubieran encontrado el absoluto / ninguna eternidad como la mía) que me hace seguir leyéndola.

Como sea, me encontré algo que escribió sobre la Plaza Mayor de Madrid. Ella puso palabras a lo que yo sentí allá. Dos veces he tenido esa sensación: de haber estado ya ahí, de pertenecer ahí, de tranquilidad por estar ahí. No me refiero a lo que se le llama un dejavu, no. Es el pararte sola a contemplar el lugar y su gente y sentir - al menos en ese instante - que no necesitas nada mas, que para esto naciste. Llegue a Madrid como ultima parada de mi viaje por Europa. De un Londres majestuoso, de un Berlín imponente y de un París tan... parisino, que Madrid y su Plaza Mayor son poca cosa. Tal vez era que sabía que era mi ultima parada antes de regresar a México, o que ya me sentía mas fuerte después de andar sola y llorar tanto que me hacia volver todas las tardes y noches y que me hizo gastar lo de una comida en una horchata de chufa con harto hielo con tal de escribir en una mesita apostada en la plaza mayor. Ahí fui a llorar cuando me enteré que mi abuelito había muerto en mi ausencia, y a donde fui escribir que me venia a Querétaro a vivir.

La otra plaza es el Jardín Zenea en Querétaro, frente a la catedral. No se que me guió la primera vez que lo vi... no tenia guía de turista ni nada, solo me baje del camión y caminé. Ante mí fue apareciendo la iglesia de Santa Rosa de Viterbo, el parque Guerrero, la Casa de la Condesa y por ultimo, el Jardín Zenea. En ese momento no sabia sus nombres ni su historia, solo eran "edificios" pero aparecian uno despues de otro como carta de presentación de este Jardín. Me compre un vasito de elote (esquite pues) y me senté a ver sus arboles perfectamente cortados, la fuente, el cielo azul sin nubes, la limpieza del lugar. Al anochecer se ilumino la catedral y supe que tenia que volver ahí.




Nota de la autora: Ahora que lo releyi digo... Chale que cursi me vi.